Elianne

30/10/2010

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HISTORIA DE ELIANNE EN LA CASA DE LOS NIÑOS

Mientras se construía La Casa de los Niños, con ayuda de los asistentes sociales del barrio, fuimos visitando a aquellas familias, con niños, que más ayuda necesitaran de forma urgente. Pero fue en una de mis visitas a la obra, donde me encontré con una niña que llevaba a un bebé cargado en su espalda y a otro pequeño, que llevaba de la mano. Lo que me impresionó, no fue solo el verlos solos deambulando por la calle, aquí es normal, lo que más me impactó fue su cara de tristeza, el verla caminar sin rumbo y mirando desde la distancia. Quise ayudarla, pero al no poder comunicarme con ella, por no hablar su idioma, decidí sacarle unas fotos, para así poder localizarla con ayuda de una intérprete.



Al cabo de unos días, pudimos encontrarla y hablar con ella.




Le pedí que me llevara al lugar donde dormía y conocer a sus padres. Entendí, entonces, su tristeza. ¡Cómo no estar triste! Pude comprobar como era su entorno familiar y como sobrevivían.




Hablé con su madre, "el padre estaba loco", es como lo definió ella. También aquí es normal ver muchos "locos" por la calle, debido al consumo de ron que ellos mismos destilan, que es puro alcohol, o simplemente por alguna enfermedad mental no diagnosticada, cuanto menos tratada. Esta madre tenía que estar cuidando a sus hijos y lo que es peor, también vigilando a su marido. Hay quien pregunta: ¿y por qué no trabajan? Las condiciones laborales de Madagascar son muy distintas a las que nosotros conocemos en los países desarrollados. Y esta diferencia se acentúa más aún, cuando se trata de uno de los barrios más deprimidos de la capital. La madre lava ropa cuando puede, si alguien, menos pobre que ella, se la proporciona. Solo entonces, tras todo un día de trabajo, puede comprar un kilo de arroz para comer las cinco personas que forman la familia (matrimonio y tres hijos). Esto, si tienen suerte, es lo que comen por la noche, durante el día, nada.



Cuando inauguramos el centro, Elianne y sus hermanos, fueron seleccionados dentro de los setenta primeros niños con los que empezamos.




Elianne, por primera vez fue niña y podía jugar con otras niñas.
También descubrimos que no estaba inscrita en el Registro Civil y que nunca había ido al colegio. La inscribimos y matriculamos. Su pasión por aprender y su disciplina, junto con la preparación que había recibido en La Casa, lograron que, al poco tiempo de empezar el curso, llegara a ser la primera de su clase.



 El primer día que tuvo un cuaderno de dibujo y lápices de colores en sus manos, hizo una pintura que a todos los que la vimos nos conmovió. En esta foto la podéis ver dibujando la bandera que luego llevaría, como todos los niños, en la fiesta de La Independencia.



Pero, al cabo de unos meses, dejó de reír y de jugar.




 Nos reunimos con su madre y nos contó que su marido los había abandonado. Su hija le echaba de menos y, además, tenía fuertes dolores de cabeza. El que volviera su padre era algo que no podíamos resolver, así que nos centramos en su salud. La vio la doctora que trabaja con nosotros y nos dijo que había que llevarla un oftalmólogo. Gracias al centro médico Virgen de la Caridad de Cartagena, que subvenciona la asistencia sanitaria de los niños, la llevamos a una especialista.




Al día siguiente pasé por el colegio donde estudia, a saludar a la directora y le pedí permiso para visitar a Elianne en su aula. Estaba sentada en la primera fila.

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Ese dia no habían terminado las sorpresas para ella . Me había traido una maleta con ropa que entre la familia y amigos donaron para “nuestros niños”y, como al resto de sus companneros de La casa de los niños, vesti a Elianne con cosas a las que ella no estaba acostumbrada hasta ahora. Se miraba y remiraba al espejo, creo que no se lo podía creer lo guapa que estaba. Además y,lo mas importante, se podía ver. 
 


Ese día no habían terminado las sorpresas para ella.



Traje una maleta con ropa, que entre la familia y amigos donaron para nuestros niños y, como al resto de sus compañeros de La Casa, vestí a Elianne con prendas a las que ella no estaba acostumbrada. Se miraba y remiraba en el espejo, creo que no se lo podía creer lo guapa que estaba. Y, lo mas importante, se podía ver con nuevas gafas. 

Este es uno de los milagros que, gracias a vuestras aportaciones y trabajo, se producen cada dia en La casa de los niños.

GRACIAS DEPARTE DE TODOS ELLOS